Su historia
Un hombre que sabía mucho de la ley de Dios le preguntó a Jesús qué debía hacer para vivir para siempre con Dios. Jesús le preguntó qué decía la ley. El hombre respondió: amar a Dios con todo el corazón, y amar al prójimo como a uno mismo. Jesús le dijo que había respondido bien. Entonces el hombre hizo otra pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». Y Jesús le contó una historia.
Un hombre bajaba por el camino solitario y pedregoso de Jerusalén a Jericó cuando unos ladrones le quitaron todo, lo lastimaron y se fueron corriendo. Quedó tendido junto al camino, sin fuerzas para levantarse. Pasó un sacerdote, lo vio y pasó por el otro lado. Después llegó un levita, un ayudante del templo de Dios, se acercó, lo miró y también pasó por el otro lado.
Entonces pasó un samaritano montado en su burrito. Los samaritanos y los judíos casi ni se hablaban, pero cuando vio al hombre herido, se le llenó el corazón de compasión. Se arrodilló, le limpió las heridas con aceite y vino y se las vendó, lo subió a su propio burrito y lo llevó a una posada. Al día siguiente le dio dos monedas de plata al dueño de la posada y le prometió pagarle lo que hiciera falta. Jesús preguntó cuál de los tres se había portado como prójimo. El que tuvo compasión de él, respondió el hombre. Y Jesús le dijo que fuera e hiciera lo mismo.



