Su historia
Un día Jesús enseñaba a muchísima gente en Judea, cerca del río Jordán. Los grandes le hacían preguntas importantes y muy serias, y él les respondía a todos con paciencia y sabiduría. Entonces llegaron algunas personas por el camino trayendo a sus niños pequeños, bebés en brazos y chiquitos de la mano. Esperaban que Jesús tocara a los niños y los bendijera.
Pero los discípulos se pusieron en medio y los regañaron. Tal vez pensaban que Jesús estaba muy ocupado, o que los niños eran muy chiquitos, muy ruidosos o muy inquietos. Cuando Jesús lo vio, no le gustó nada. Les dijo que dejaran que los niños fueran a él y que no se lo impidieran, porque el reino de Dios es de los que son como ellos. Y los niños corrieron hacia él.
Entonces Jesús les dijo algo sorprendente a los grandes: el que no reciba el reino de Dios como un niño no entrará en él. Los niños pequeños confían en quienes los quieren y llegan corriendo con los brazos abiertos, y así quiere Jesús que todos vayamos a Dios. Tomó a los niños en sus brazos, les puso las manos sobre la cabeza y los bendijo. Ninguno era demasiado chiquito para Jesús.



